Tengo la peor forma de autismo que existe, y os voy a explicar porqué.
No estoy lo bastante "afectada" para que me hagan adaptaciones en el colegio. Pero no soy capaz de aprobar sin ellas.
No tengo suficientes "problemas" para acceder a recursos específicos. Pero no puedo funcionar sin ellos.
No tengo reconocida la discapacidad, porque no necesito "tanta ayuda".
Pero sí que necesito ayuda. Y esa ayuda que necesito, por ser supuestamente poca, se me niega.
¿De qué me sirve ser de "alto funcionamiento", si no puedo funcionar porque nadie me ayuda?
Estoy en medio de ninguna parte.
"No soy como ellos", "No soy discapacitada".
Pero tampoco soy como los otros.
No puedo hacer las cosas sin más. Necesito anticipación, planificación, rutina... Si hay algún cambio me paralizo y puedo tener una crisis. Aún sin cambios puede que no funcione, porque las luces estén muy fuertes, el volumen muy alto, o haya demasiada gente. Puede que funcione pero me quede a medias por mis despistes, y que necesite recordatorios, y un poco más de tiempo. Puede que incluso sea una crack en lo que hago, pero la gente me va a seguir viendo como a un bicho raro, alguien que no saben muy bien qué le pasa o de dónde ha salido.
Porque no soy como ellos. Ellos saben que no soy como ellos.
Pero tampoco soy como los otros, así que "no necesito ayuda".
¿Veis en que situación me encuentro?
En esta situación nos encontramos muchos autistas. Los de mi "tipo" de autismo.
El autismo invisible. El que se pasa por alto, y no se diagnostica, o se hace tarde.
Ese autismo que se queda a medio camino entre una grave discapacidad, y una supuesta normalidad.
Ese autismo que algunos confunden con Sheldon Cooper. Sheldon Cooper no necesita ayuda, ¿verdad?
Pero yo no soy Sheldon, yo soy Anna.
Soy Anna, y soy autista, y necesito ayuda.
Que mi discapacidad sea invisible no quiere decir que no exista.
Que tú no veas mis problemas, no quita que yo esté haciendo un esfuerzo sobrehumano para que no salgan a la superficie.
No quita la lucha titánica por estar al día con mis tareas, prestar atención, organizarme, socializar... El cansancio y la incomodidad crónica que trae consigo cualquier tipo de interacción social. Incluso las que quiero tener. No quita la confusión, el no saber qué decir, el no poder expresarme. El no entender, y que nadie entienda. El no saber muy bien quién soy. No quita que no tenga ni idea de cómo me siento, pero mis emociones me afecten como si me pasara un torbellino por encima. El no tener palabras. O tener demasiadas, y que se atasquen en mi garganta, sin poder salir. El saber que no soy de aquí, pero no de dónde soy. El querer hacer algo con todas tus fuerzas, pero simplemente no poder. No quita que haya ruidos que me den ganas de arrancarme la piel. Esa angustia que me deja sin aire, cuando me cambian la rutina. Ese no vivir con el corazón en un puño, cuando me encuentro con la incertidumbre. El ser la última que escogen para hacer un equipo. El ser la que se sienta sola, y nunca tiene pareja. El ser la chica rara, la que nadie sabe muy bien qué le pasa, pero no se molestan en averiguarlo. La última en pillar un chiste (si es que lo pilla). El no saber cómo se sienten los demás. Que todos hablen en otro idioma. Querer animar a alguien, y no saber. Ofender a alguien sin darte cuenta. Sonreír aunque no tengas ganas. Reírte de lo que no te hace gracia. El que te inviten por fin a una fiesta, y pasártela en el suelo del baño llorando, porque la música está demasiado fuerte, la gente no para de gritar y sientes que el mundo se te viene encima, y que tu cabeza va a explotar. El que te duela la cabeza, marearte y ver borroso, por no haber comido ni bebido en todo el día, porque se te olvidó. El llegar tarde a todas partes, a pesar de tener cientos de alarmas. El pasarte una semana estudiando, y no terminar el examen porque no te da tiempo, porque no diferencias cinco minutos de cinco horas, y no entiendes qué has hecho mal.
Y es que no he hecho nada mal. Sólo haber nacido, en un mundo que no me entiende, ni se molesta en escuchar.
Sólo tener una forma de autismo que todos pasan por alto, porque es "leve".
Pero, ¿acaso mis problemas son leves? ¿Me estás diciendo que tener una crisis, y pasarme horas llorando y gritando debajo de la mesa, y dándome golpes es leve?
Mi autismo no es leve. El autismo leve no existe.
Lo que pasa no es que yo perciba el autismo "levemente". Es que TÚ percibes mi autismo como leve.
Porque no supongo un problema para ti.
Porque puedo disimular.
No soy normal, eso me lo han dejado claro.
Pero cuando digo: "Ya, no soy normal porque soy autista"
Tampoco les vale.
Me dicen:
"Tú no eres Autista, tú eres Asperger",
"Pero lo tuyo es leve"
"Pero no necesitas tanta ayuda"
"Pues no lo pareces"
"¿Estás segura? Igual se han confundido, eso está muy diagnosticado estos días"
"Bueno, todos somos un poco autistas"
"Lo tuyo no es tan malo, otros o tienen peor"
"Estás exagerando"
"Estás actuando más autista, antes no eras así"
"Sólo quieres llamar la atención"
"Tú no necesitas eso"
En definitiva, me dejan claro que no soy como ELLOS.
Los autistas que no hablan. Los que se balancean. Los autistas de verdad, ¿sabes?
Lo mío no es eso, lo mío es otra cosa.
Por eso digo, que mi autismo es el peor que existe. Porque se queda en medio, en medio de ninguna parte.
Porque nadie hace siquiera el amago de ayudarme, porque "no soy autista" o al menos no soy "autista de verdad". NO SOY SUFICIENTEMENTE AUTISTA.
Pero tampoco soy "normal", y eso también lo saben. Lo saben cuando me aíslan, cuando me hacen bulling, cuando me dicen que soy rara. Lo saben.
Pero en realidad, ¿sabes cuál es la diferencia entre los autistas "de verdad", y yo?
La diferencia importante. No es que yo pueda hablar, o vestirme, o comer sola. La diferencia, la diferencia importante, entre otros autistas y yo, es que yo puedo fingir que no lo soy.
Así es la vida de los que tenemos mi tipo de autismo.
Escuchar constantemente que eres muy raro, esforzarte por hacer lo que quieren que hagas para que luego, nieguen tu autismo por ser "demasiado normal".
Comentarios
Publicar un comentario