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Los cambios y yo

Los cambios y yo

Una fotografía del mar en un acantilado. Hay un texto que dice: se avecina el desastre, cambio de planes inesperado. Debajo pone: desliza para seguir leyendo, junto a una flecha.


Para mí, un cambio es como una bomba de Nápal, que arrasa con todo a su paso. 
No todos son iguales, y en algún momento, si me dan el tiempo suficiente, quizá puedo llegar a adaptarme.
Pero en el primer momento, la sensación es como si explotara una bomba atómica. Acaba con todo, y me deja paralizada, sin poder moverme ni pensar con claridad. Sólo veo caos, desorden, las cosas ya no están como estaban, y no veo más allá del humo negro, y los destrozos que deja.

Esto es un pequeño texto que escribí ayer, mientras tenía un problemilla con un cambio, en la escuela de verano.
Luego os contaré cómo terminó la cosa, que no fue tan terrible como se me antojaba.

//Lo que escribí ayer//

Odio los cambios.
Ahora mismo, acabo de tener un colapso o como sea que se llame en medio de la escuela por una estupidez de cambio.
Es una estupidez, y yo lo sé.
Pero llevo media escondida en el baño intentando no llorar y que nadie me encuentre.
El cambio fue: todos los días a primera hora le doy clase a una chica. Hoy nos tocaba inglés. Ya estábamos sentadas en la mesa, y yo estaba pensado en lo que nos tocaba hacer de inglés. Entonces la chica se tuvo que ir a hacer unos informes, y se estropeó la impresora.
Colapso. No puedo con el cambio. Me dijo que sólo iba a ser media hora, y me dieron otra cosa que hacer. Que fuera a ayudar a otra clase mientras. Me encanta esa clase. Pero no he podido levantarme de la mesa. Sé que si voy a esa clase, no voy a poder hacer nada, no voy a poder hablar, y probablemente me ponga a llorar, o se desencadene una crisis. Estoy bloqueada, no puedo pensar, no puedo hablar, no me puedo mover. Estuve recortando pictogramas, sin levantarme de la mesa. Recorta, recorta, recorta. Terminé todos los que teníamos para varios días. Me quiero meter debajo de la mesa. Es lo que mejor me regula. Pero me da miedo que entre alguien, y piense algo raro. Cuando terminé los pictogramas vino otra ola de emociones negativas. Ví venir las lágrimas, y como no quería que nadie me viera así, me encerré en el baño. Me hice una bolita y empecé a llorar.
Llevo en el baño una media hora. No puedo salir, pero si no salgo alguien se va a dar cuenta de que falto, y me van a buscar, y no quiero que me encuentren así. Puedo irme a casa y huir pero soy incapaz de moverme. 
No sé qué hacer.
Sólo quiero que acabe.

//Qué pasó después//

Estuve en el baño bastante tiempo llorando, no sé cuánto fue. Después llegó la chica, junto con mi psicóloga (que organiza todo lo de la escuela) y no me encontraron, así que me llamaron al móvil. Lo cogí, y fui. Me vieron que estaba mal.
Mi psicóloga me preguntó que qué me pasaba, le dije que estaba muy agobiada. No podía articular mucho más. Ella me conoce bien, me preguntó: Es porque no tienes estructura, ¿verdad?
Le dije que sí. 
Me explicó lo que teníamos que hacer, me lo apuntó en un papel, y fui a hacerlo. La primera tarea era repartir los informes. 
No podía hablar, entraba a las clases, sin decir hola ni nada, dejaba los informes en la mesa, y me iba, sin despedirme. La gente se me quedaba mirando. No quería hacerlo así, pero no podía hablar, requería demasiado esfuerzo. 
Cuando terminé, volví a por pañuelos, porque me había puesto a llorar otra vez.
Estaba muy agobiada.
Mi psicóloga me metió con ella en un aula, que normalmente está ahí un niño que se agobia mucho y es muy inflexible, pero en ese momento estaba vacía.
Estuvimos hablando, sobretodo ella.
Me explicó lo que había pasado, lo que iba a pasar después, y me relajó. No sé muy bien cómo, pero me relajó, dejé de llorar, y seguí con el día.
Aunque seguía sin estar bien del todo, era como si solo tuviera energía para lo más básico. No podía enmascarar, mis funciones ejecutivas estaban por los suelos...
No hice nada productivo en todo el día, pero al menos no estaba tan agobiada.
Resulta que la rutina de los viernes es un poco diferente al resto de la semana, y es más impredecible, pero yo no lo sabía, porque solo es mi segundo viernes allí, y el primer viernes había salido todo bien.
Ahora ya lo sé, y lo que hice al llegar a casa por la tarde fue hacerme un "horario de los imprevistos" para estar más tranquila.
Sé que es imposible hacer un horario de imprevistos, porque en el momento en el que los planeas dejan de ser imprevistos.
En realidad es un horario normal, con mi rutina de todos los días, pero con recordatorios de que pueden surgir imprevistos, sobretodo los viernes.
Por eso el día "viernes" no tiene la misma estructura que el resto de la semana, sino que es una "lista de prioridades". En vez de hacer un horario normal y tener que cambiarlo con las cosas que surjan, las cosas que surjan van primero en la lista de prioridades, y lo segundo es la rutina, en el caso de que no haya cambios. Bueno, no sé si funcionará, es una tontería, pero puesto que soy una pensadora visual, poder VER la estructura del día, y VER lo que pasa si surge algún cambio, me ayuda a no agobiarne tanto. O al menos, a poder anticiparme un poco a lo que pueda pasar.
Creo que ahora va a salir mejor, o eso espero.
Y si me vuelve a pasar lo mismo que hoy, no pasa nada. Si no sale bien, habré aprendido.

Hace unos días publiqué en Twitter una lista de cosas que me ayudan, cuando alguien me tiene que avisar de algún cambio. 
Ayer lo hicieron, aunque un poco tarde, si hubiera sido en un primer momento, antes del colapso, hubiera sido mejor.
Voy a poner la lista aquí para que a alguien le sirva de referencia. Está basado en mi experiencia personal, que supongo que servirá para otros autistas, y puede que algún neurotípico.

Cómo avisarme de un cambio de planes: 1. Explica en motivo del cambio 2. Ofréceme una alternativa 3. Explica detalladamente la nueva situación 4. Cuanta más información me puedas dar, mejor 5. Verlo escrito en un papel me ayuda 6. Entiende que me resista al principio


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