Mi experiencia con la psicoterapia
Antes de empezar:
Entre mi diagnóstico, y empezar la psicoterapia, pasaron unos 6 meses.
Había que hacer papeleo, luego fueron las vacaciones de verano, perdieron mi número y no me podían llamar...
Bueno, fue un lío.
Durante todo ese tiempo yo estaba bastante perdida, no sabía lo que quería.
Conocía mi diagnóstico, pero no entendía muy bien cómo encajaba en mi vida, qué tenía que hacer con esa nueva información, no sabía muy bien quién era.
Necesitaba desesperadamente que alguien me entendiera, pero no estaba segura de querer ir a un psicólogo. Estaba asustada, no entendía cómo funcionaba eso.
Pensaba que los psicólogos eran personas que sabían lo que te pasaba por la cabeza con solo mirarte, como si te leyeran la mente.
Y yo pensaba, que mi mente no era un lugar muy agradable en el que estar. No tenía ganas de que alguien indagara por ahí, por el único lugar que era totalmente mío. Pero al mismo tiempo, sabía que era necesario. Llevaba mucho tiempo con la cabeza hecha un lío, no me entendía, no entendía lo que me pasaba a mí, ni al resto del mundo. Y me permití tener esperanzas.
Esperaba que, por primera vez en mi vida, alguien fuera capaz de entenderme, aunque ni siquiera yo me entendiera.
Pensé que solucionarían todos mis problemas, de alguna manera mágica que sólo ellos conocen. Pensé: "Son psicólogos expertos en autismo, seguro que saben".
Mi primera sesión:
Tenía 16 años en mi primera sesión. Me diagnosticaron con 15, pero como dije, tardamos mucho en empezar.
La psicóloga era la misma chica que me hizo el diagnóstico, porque me calló muy bien, y le dije a mi madre que si podía escoger, quería que me tocara con ella.
Me llevaron mi hermana y mi padrastro en coche. Creo que él estaba más nervioso que yo. Yo no recuerdo estar nerviosa, pero supongo que mi alexitimia estaba haciendo de las suyas. Me dejaron en la acera de enfrente, no me acompañaron dentro porque: "ir tú sola es parte del tratamiento".
Ellos pensaban que iban a hacerme más "sociable", y el hecho de ir yo sola, picar a la puerta, saludar, decir quién soy... Era algo que me iba a ayudar a ser más "normal". Y a esas alturas, yo pensaba lo mismo.
La sesión no fue para nada como me lo esperaba.
Recuerdo que me preguntó: ¿en qué crees que te puedo ayudar?
Yo me quedé en blanco. Tenía montones de problemas, pero en ese preciso momento... Me quedé en blanco. Gran parte es porque no sabía explicarlos con palabras.
Le dije "no sé". Mi frase estrella.
Me respondió "Todas venís así, cuando no sabéis cómo va" o algo parecido
Me relajó un poco. Pensé: bueno, no pasa nada porque no me pueda explicar, ella sabe lo que me pasa. Soy Asperger (de aquella usaba ese término) y ella es experta en Asperger, así que da igual que no me explique, ella sabe. Además, ¿No se supone que no saber explicarme es una parte de mi Asperger?
Las siguientes sesiones:
Me equivocaba, no lo adivinó. No era adivina, ni leía mentes, ni las terapias eran "mágicas".
Sino todo lo contrario. Cada vez que salía de ahí me sentía fatal. Me frustraba tantísimo no saber explicarme y que ella no supiera lo que me pasaba, ni saberlo yo tampoco.
Sentía que ella no me entendía. Que no me podía ayudar.
Y pensaba que era culpa mía. Me sentía culpable, una inútil, y que siempre iba a estar igual de mal, porque si esta era la única solución posible y no estaba funcionando, nada mejoraría, nunca mejoraría nada. Me acuerdo que los primeros meses, ni siquiera terminábamos la hora de la sesión, porque no teníamos nada de lo que hablar.
Tuve dudas de mi diagnóstico. No era la primera vez. Pero había un pensamiento que no me podía sacar de la cabeza: "Si esta psicóloga es especialista en autismo y no me entiende, es porque no soy autista". "Si esto ayuda a los autistas y a mí no me ayuda, es porque yo no soy Autista"
Y me sentía culpable, me sentía que la estaba engañando, que la estaba haciendo creer que era algo que no era, que estaba engañando a mi madre para que me pagara algo que no necesitaba, que estaba obteniendo recursos que no son para mí, sino para gente que los necesita de verdad...
Me sentía mal cuando no iba, porque sentía que nunca mejoraría, y me sentía mal cuando iba porque me sentía un fraude. Era un círculo vicioso.
En alguna cosa puntual me ayudaba, pero era un proceso muy muy lento, y me sentía estancada.
Al terminar, siempre me decía: tienes mi número, si te pasa cualquier cosa me puedes llamar, o escribir un mensaje.
No se me pasó ni un momento por la cabeza escribirle. ¿Para qué clase de problemas tenía que llamarla? ¿Cómo me iba a ayudar?
En la actualidad (2 años y medio después):
Ahora estoy mejor de lo que he estado en toda mi vida. En los últimos meses, he escrito y hablado por teléfono con mi psicóloga todas las semanas, para contarle cosas buenas, malas, regulares... Todo. He llegado a escribirle hasta un mensaje al día durante algunos meses que lo estuve pasando mal, porque me lo puso de deberes.
Las sesiones se me quedan cortas, de todo lo que tenemos que hablar y trabajar. Confío plenamente en ella, y es una de las personas que me mejor me entienden.
Gracias a ella, y a trabajo de mi parte también, me conozco mejor de lo que me he conocido nunca, me da estrategias para solucionar todo tipo de problemas y entiendo mejor a la gente (hasta cierto punto, que sigo siendo autista, eh)
Y, ¿cómo ha sido esto posible?
Bueno, no es que al principio estuviéramos haciendo nada mal, lo que pasa es que yo tenía unas ideas y unas expectativas de lo que es la psicoterapia que no eran reales.
Voy a intentar explicar lo que me parece más importante:
1. Las mejoras NO son lineales
Las mejoras no son lineales. Aunque la tendencia sea positiva, va a haber veces que vayas para atrás, y que empeores. Puede que estés incluso peor que antes de empezar. Lo importante es tener paciencia, y saber que si estás haciendo las cosas bien, tarde o temprano verás las mejorías. Al principio parece que tardan, y que no mejoras, pero dale tiempo, ya verás como funciona.
A mí me llevó mucho mucho tiempo darme cuenta de que había mejorado.
2. No leen mentes
Los psicólogos no leen mentes, por si hacía falta decirlo. Saben más sobre la mente que la mayoría de las personas, eso es verdad. Pero no son adivinos, no magos, ni tienen el poder de leerte la mente. Si te pasa algo díselo (siempre que tengas confianza) no esperes a que lo adivine. Si crees que lo que está haciendo no funciona o tienes dudas díselo también, no todo sirve para todo el mundo. Cuando entiendas que son personas normales, como tú y como yo, te irá mucho mejor.
Creo que lo más importante para que funcione la terapia es tener una buena relación con tu psicólog@ / psiquiatra. Y creo que mi salud mental empezó a mejorar cuando nuestra relación mejoró, empecé a tener más confianza en ella, y a sentir que me entendía.
3. No solucionan problemas, te ayudan a gestionarlos
Esto es muy importante. No puedes esperar que con ir al psicólogo se te solucionen los problemas. El psicólogo te va a ayudar, sí, pero los tienes que solucionar tú.
El psicólogo te va a ayudar a poner un poco de orden, a entender las cosas, a trabajar con tus emociones, a entenderte, a gestionar las situaciones que te cuestan, y a buscar soluciones. Pero poner eso en práctica depende de tí, y hasta que no lo hagas no vas a mejorar.
Esto es algo que yo tardé en aprender, pero ahora me va mucho mejor.
Yo me lo imagino como si mi mente antes de las sesiones fuera un montón de hilo enroscado y que no hay por dónde lo coger, y allí lo que hacemos es ir desenroscándolo poco a poco, ordenándolo y poníendole sentido. Así, cuando salgo, tengo exactamente los mismos problemas que tenía antes de entrar, pero ahora están ordenaditos, y no agobian tanto, y ya los puedo gestionar mejor.
4. Se necesita trabajo de las DOS partes
¡Tienes que poner de tu parte!
Si no te ayudas tú, no te va a ayudar nadie.
Hace unos meses estuve hablando con una amiga de esto. No voy a contar detalles sobre ella para respetar su privacidad, pero yo le conté que me asustaba pensar en dejar de ir al psicólogo, porque si estaba mal no iba a haber nadie que me ayudara, y me daba miedo volver a estar como estaba antes de mi diagnóstico, que estaba muy perdida y muy sola.
Ella me dijo -entre otras cosas- esta frase:
Pero ella me entiende muy bien, y tiene mucha razón.
Hay veces, que nos surgen cosas en la vida y que pensamos que no vamos a superar. Pensamos que no vamos a poder con ello, hasta que lo hacemos.
Hay veces que tenemos que apañarnos sol@s, y hay cosas que se arreglan más fácil de lo que parece. No sé si me estoy explicando bien, espero que sí.
Bueno, creo que ya he escrito bastante por hoy.
Si estás leyendo esto y te apetece charlar un rato, puedes hablar conmigo, me encantaría ayudar.
Escríbeme a este correo, y te atenderé en cuanto pueda: annahawes2003@gmail.com
Espero que estéis todos bien❤️




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