Hoy hace tres años que descubrí que soy Autista.
Un día como hoy, 21 de Enero de 2019, mi madre y yo estábamos sentadas en la consulta de la que hoy es mi psicóloga.
Tenía 15 años, y había llegado a un punto en que ya no pude más.
Tras toda una vida esforzándome por encajar en un mundo que no comprendía, decido pararme y buscar ayuda.
Y, sin saber muy bien qué estaba buscando, encontré las respuestas que necesitaba.
"Anna, tienes Síndrome de Asperger.
Un Trastorno del Espectro Autista de nivel 1...."
No sé exactamente cómo me sentí, fue una mezcla de emociones: sorpresa, confusión, duda... Pero la que sobresalía por encima de todas era el ALIVIO.
ALIVIO porque tenía razón. Porque no estaba loca, mis experiencias eran reales.
ALIVIO porque había una explicación. Para todas aquellas cosas que nunca pude entender.
ALIVIO porque me sentí comprendida por primera vez.
ALIVIO porque no estoy sola. Hay más personas como yo en el mundo.
ALIVIO porque no soy rara, ni tengo ningún problema. Solo soy autista, y eso está bien.
Mi vida no ha cambiado mucho en estos tres años: sigo viviendo en el mismo sitio, con la misma gente, mis amigas son las mismas...
Y sin embargo es completamente diferente a como era antes.
Estoy en un punto que no creí que fuera posible llegar.
Ahora me entiendo mejor, y por consiguiente los demás me entienden mejor, y yo a ellos.
He ido aprendiendo, y adaptando mi entorno a mis necesidades.
Tengo un círculo de apoyo maravilloso, de familia, amigos, psicólogos, profesores, e incluso otras personas autistas.
Ahora me va muy bien en clase, me siento bien conmigo misma, y tengo unas relaciones saludables con el resto de personas.
Nada de esto habría sido posible sin mi diagnóstico, y sin toda la terapia y el acompañamiento que vino después.
Mi vida sigue igual.
Pero yo no. Ya no soy la niña tímida y distraída que se sentaba al fondo de la clase, que no hablaba con nadie, que se sentía tan incómoda, nerviosa y confundida en todos los contextos.
Quiero decir, a veces sigo siendo así.
Pero tengo las herramientas y conocimientos necesarios para cambiarlo si quiero.
Mi diagnóstico de autismo supuso un cambio radical de paradigma. Cambió mi sistema de referencia, la forma en que me veía, y me veían los demás.
Con él todo cobra sentido, y es mucho más sencillo.
Aún me queda mucho por aprender, pero vamos por buen camino.
Comentarios
Publicar un comentario